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Entrevista a Sandra Campó

«Para mí el sexo es una experiencia de autoconocimiento. Cada experiencia sexual es una oportunidad de conocer cosas de mí misma en todos los niveles»

Publicado: 2020-02-27
Sandra Campó es escritora y educadora sexual. Autora del libro «Hoy tengo ganas de mí: 7 historias de masturbación femenina» y creadora, dueña y señora del blog SASÁ. Escribe artículos sobre sexualidad femenina en la Revista Wapa. Desde el 2015 realiza talleres de educación sexual para mujeres en diversos espacios de Lima.

El filósofo francés Gilles Lipovetsky considera que lo doméstico, sentimental y estético siguen siendo parte de la esencia de lo femenino. ¿Estás de acuerdo con esto?
La antropóloga mexicana Marcela Lagarde menciona que las mujeres de ahora, del siglo XXI, vivimos divididas entre lo moderno y lo tradicional. Es un proceso bastante lento ir liberándonos de capas y capas del modelo de lo que tenemos que ser como mujeres. Yo no sabría describir una esencia femenina, todas estamos en un proceso de deconstrucción, que es ir dejando todas esas cuestiones tradicionales que a las generaciones pasadas las han oprimido. No es un proceso lineal, es cíclico. Puede ser muy desgastante estar cuestionándose todo: hemos pasado de buscar el modelo de la buena esposa a buscar el de la buena feminista. Creo que tenemos que aceptar que tenemos limitaciones y nuestra deconstrucción llegará hasta cierto punto.
¿Cuáles han sido tus grandes descubrimientos como mujer adulta?

A los 27 descubrí el feminismo cuando me regalaron, por Navidad, «El segundo sexo», de Simone de Beauvoir. Lo leí en el verano y fue un despertar. ¡Yo era feminista y no lo sabía! 

A los 30 redescubrir la masturbación transformó mi vida porque fue retomar una práctica que había dejado en la adolescencia y consideraba propia de una persona que no tiene vida sexual en pareja todavía. Fue saberme capaz de darme placer sin necesidad de nadie más.

El tercer descubrimiento ha sido compartir conocimiento. Los talleres y los espacios con otras mujeres no solo son un deseo mío de compartir conocimiento para que ellas disfruten su vida sexual a solas, sino que también las otras mujeres me dan un montón de conocimiento porque me cuentan su experiencia.

Las tres cosas juntas conforman el núcleo de lo que me gusta hacer: feminismo, sexualidad y formar espacios con mujeres.

Compartir estos saberes es una acción feminista importante. ¿Recomiendas a las mujeres hacer el experimento de leer solo libros escritos por mujeres?

Es fundamental. Encontré estos retos de literatura y empecé a hacer un listado de libros escritos por mujeres de todos los países, todos los idiomas, todos los géneros. Fue revelador leer un universo literario distinto a los 30, aunque mi interés empezó con el libro que siempre recomiendo a todas las mujeres: «Mujeres que corren con los lobos», de Clarissa Pinkola Estés. 

Las mujeres necesitamos leer a otras mujeres para identificarnos con temas, aprender sobre la conexión con el cuerpo y la manera de narrar, encontrar el vínculo con otras mujeres, tener una perspectiva distinta de la violencia, tener otra mirada de la sexualidad… te cambia el chip.

¿Y no sientes que te pierdes de libros?
No siento que me he perdido de nada. Ya he leído a bastantes hombres toda mi vida. Estudié Literatura en San Marcos y el 99,9% de libros leídos durante la carrera eran de autores hombres (recuerdo que había un curso opcional de Literatura escrita por mujeres). Hasta la denominación de literatura escrita por mujeres nos dice que lo que concebimos como literatura es la escrita por hombres. No leer la literatura oficial es un acto político. Desde el 2015 no he parado de leer a mujeres, a veces incluyo a un hombre por año. Me apasiona leer a las mujeres. Del 2017 al 2018 formé un club de lectura llamado Las libres, que me permitió conocer a más de 100 mujeres del Perú y otros países con las que compartí literatura muy interesante.

fotografía de jorge madico


¿Qué son los cuatro autos?
Mis cuatro autos favoritos son los ejes a partir de los cuales yo hablo de sexualidad femenina: autoconocimiento, autonomía, autoestima y autocuidado. Considero que el autoconocimiento corporal te hace descubrir tus zonas erógenas y cómo te gusta ser acariciada, cuando te das placer desarrollas autonomía sexual (no necesitas a nadie que te dé placer) y la autoestima te cambia la percepción que tienes de ti misma (te miras de otra forma). Yo sentía que promovía los tres autos primero y luego vino el cuarto, que es el autocuidado.
¿Cómo se relacionan con el ciclo menstrual?
Llevé un curso online con la pedagoga menstrual española Erika Irusta y descubrí patrones. La menstruación es un proceso natural que vivimos por más de 30 años de nuestra vida y muchas mujeres no sabemos nada al respecto. Conocer nuestro ciclo menstrual nos ayuda a darnos cuenta de que no somos lineales, que no estamos locas y cada una de las fases del ciclo menstrual es la oportunidad para hacer muchas cosas. Por ejemplo, en la fase preovulatoria estás superactiva y en la menstrual es ideal descansar. ¡Hay tiempo para todo!
Me encanta la fase menstrual porque es reflexiva.
La fase menstrual tiene el arquetipo de la sabia (o la anciana) porque durante la regla tu cuerpo hace un esfuerzo para expulsar lo que no necesita y requieres quietud, calma. Quieres estar sola. La fase menstrual es una muerte metafórica. Desde la mirada masculina, la anciana es inservible porque ya no es atractiva y no se reproduce. Como ves, algunas fases son valoradas como positivas y otras no.
No entiendo muy bien la fase preovulatoria.
La fase preovulatoria es la contracara de la menstrual. Está llena de energía, de actividad dinámica. Es la rebelde y corresponde al arquetipo de la adolescente. La rebeldía es una fuerza que te impulsa a hacer cosas. Te dices: «Soy lo máximo y puedo hacerlo todo». De manera más consciente, es la oportunidad para elegir cuál será tu lucha.
La adolescencia es la etapa de los descubrimientos y siempre he pensado que hay algo muy auténtico ahí. Sandra, a los 15 años tú ya sabías lo que querías ser y hacer.
Me sorprende recordarme a los 15 años porque yo ya sabía que no quería casarme ni tener hijos ni vivir en monogamia. Quería dedicarme a la escritura, quería viajar. Cuando me hice adulta me di cuenta que no era el sueño común de la mayoría de mujeres. Lo más curioso es que a lo largo de los años, las cosas que pensaba de chiquilla se han mantenido. A partir de los 30 empecé a materializarlo todo.
Volviendo al tema del ciclo menstrual, la fase ovulatoria es la más popular porque es la fase sensual. En un artículo del New York Times la periodista Laura Hilgers escribió sobre los hombres que usan aplicativos para citas y anotó que buscan «cero dramas», lo que implica cero compromiso porque en la vida hay problemas, desafíos y ¡drama!
Las relaciones son complicadas porque requieren algo que no hemos tenido: una educación emocional. La sexualidad también implica el manejo de las emociones. No es aprender posturas y técnicas y ya. Sobre lo que mencionas, se busca una relación aséptica emocionalmente.
Has escrito sobre vínculos construidos sobre la base de la comunicación honesta, la ética sexual compartida y el cuidado emocional. ¿Hay una confusión entre apego y vínculo?

Veo más la diferencia entre apego y dependencia. Nadie puede vivir desapegado. Nacemos apegados a la mamá (o a la figura que nos cuida). Los apegos van surgiendo; por ejemplo, la amistad es un vínculo de apego. Lo que pasa es que tenemos un modelo en la cabeza: la monogamia o las relaciones libres sin ética. 

Desde mi experiencia me resultaba frustrante, al querer relacionarme sexoafectivamente, encontrar que si era pareja era tratada con cariño y cuidado; si era amante solo era usada sexualmente y no interesaba mi vida. Yo quería un vínculo que no fuera monogámico, pero que hubiera un interés mutuo por conocerse, con citas donde haces cosas y conversas, quería experimentar afinidad. No había un punto intermedio, que era lo que yo quería. El nombre más cercano a lo que quiero es la agamia: que implica vincularte pero no formar una pareja. No es una relación que va a progresar hasta ser pareja, sino un vínculo sexoafectivo que implica conocerse, afinidad, afecto, compañía, sin necesidad de que nos lleve a vivir juntos o casarnos.

¿A qué te refieres con «no monogámico»?

Yo no me siento cómoda con la monogamia, lo he intentado y no es la manera de vivir que yo quiero. Me siento identificada con los modelos de relaciones no monógamas, pero otra cosa es llevarlas a la práctica. No espero que la persona solo tenga interacciones sexuales conmigo. El poliamor no me cuadra como modelo (lo veo como tener varias parejas en simultáneo). Me interesa que el modelo de pareja no exista.  

Lo que te estoy diciendo es más a nivel teórico que práctico. Sigue siendo un aprendizaje constante. Estas ideas tienen mucho que ver con cómo soy yo. Disfruto mucho mi soledad. El hecho de compartir con otras personas también me gusta, pero luego necesito retomar mi soledad ¡porque mi relación principal es conmigo!

¿Consideras que el sexo es sagrado?

No tengo una visión de la sexualidad como sagrada, pero el sexo se ha banalizado tanto que hemos perdido algunas cosas importantes como el hecho de elegir bien con quién nos relacionamos. Esta utilización mutua de cuerpos, que más parece un consumo que otra cosa, no me gusta para nada. 

La energía sexual es energía creativa. Cuando estuve escribiendo «Hoy tengo ganas de mí: 7 historias de masturbación femenina», mi deseo sexual desapareció porque mi energía sexual la usé en crear algo nuevo. Y me sucede muchas veces. He aprendido a valorar al sexo como una experiencia de autoconocimiento. Cada experiencia sexual es una oportunidad de conocer cosas de mí misma en todos los niveles.

¿Estás de acuerdo con la frase de Clarissa Pinkola Estés «se requiere paciencia para aprender a amar profundamente y durante mucho tiempo»?
No me gusta la palabra «amor», nunca me ha gustado. Hay varias cosas de lo romántico que no me gustan. Prefiero utilizar las palabras «cuidado» o «cariño». Cuando pienso en alguien que te da amor, pienso en alguien que te da cariño y cuidado y que comparte contigo momentos. No me siento cómoda ni siquiera con un «te quiero» porque me suena a posesión. ¡Qué bonito sería crear otro lenguaje para manifestar tu afecto!
No hemos mencionado a la fase premenstrual, que es la guerrera, la que protesta. Me pareció muy combativo cuando escribiste en tu muro de Facebook: «No ser mamá es lo mejor que me ha pasado».

Esto se me ocurrió para el Día de la Madre. Se lo comenté a mi mamá y me dijo «¡ponlo!». Hemos conversado tanto sobre la maternidad… Yo desde chiquilla dije que no y ella sí tenía la ilusión de ser abuela. Ha sido un proceso largo de años conversando hasta el punto de que ahora me entiende y ha comenzado a cuestionar la idea de maternidad idealizada que tenemos. 

La maternidad tiene un gran impacto en tu vida, define un montón de cosas. Las que deciden ser mamás tienen menos tiempo para ellas mismas, tienen una persona a cargo, tienen tantas preocupaciones. Yo no me imagino a mí misma siendo mamá porque el tiempo que tengo para mí lo dedico a mis proyectos. Lo más cercano a tener criaturas a cargo son mis proyectos creativos: el blog, el libro y mis talleres.

No sé si te pasa a ti, pero las que decidimos no ser madres nos sentimos fascinadas por la maternidad de otras porque es una vivencia que no vamos a experimentar.

Hace diez años que dejé de investigar sobre el tema, aunque a vuelo de pájaro he visto que últimamente se está escribiendo sobre la experiencia real de ser mamá.
Mi mamá es el mayor referente de lo que es ser mamá. Le he preguntado sobre el parto, sobre cómo fue el día que nací. Y me ha contado todas las sensaciones corporales, el dolor, la violencia obstétrica que la mayoría de mujeres vive. Eso es impactante. Te genera un «no quisiera vivir eso» y también «¡cómo hay tantas mujeres que viven eso!». El parto es un momento de gran fortaleza, es un gran ejemplo de fortaleza femenina. Por otro lado, me parece que es mejor tener una visión realista de la maternidad que tener una visión dulcificada porque genera muchas culpas en las mujeres.
A las mujeres nos han enseñado a sentir culpa por todo. ¿Qué hacemos con la culpa?
Es un proceso bien difícil y complejo. Desde que estudié el ciclo menstrual, veo que nada es lineal, todo es cíclico. He pasado por fases en que me he cuestionado todo lo que me ha hecho sentir culpable y siento que lo he dejado atrás, pero en un momento de vulnerabilidad he vuelto a sentir la culpa. Aceptar los procesos como cíclicos y no lineales ayuda un montón a lidiar con culpas, vergüenzas, miedos o tristezas. El ciclo menstrual te enseña que todo regresa. Cada fase se compara con una estación del año. Tú vives en un mes un año entero: todo tu invierno, tu primavera, tu verano, tu otoño.
¿La masturbación es un modo de comunicación intrapersonal?
La masturbación femenina es mi tema favorito porque yo me centro en la sexualidad vivida para una y todo el tema de educación sexual que desarrollo está ligado al feminismo. La masturbación es una experiencia tan completa, tan vital para las mujeres… Hacer los talleres, el libro, lo que escribo y comparto es para que otras mujeres se atrevan a explorarse a sí mismas. Yo cuento la primera vez como la primera vez que una se masturba. En todo caso, hay dos primeras veces: una contigo y otra con otra persona.
¿Habrá segunda edición de «Hoy tengo ganas de mí: 7 historias de masturbación femenina»?

En unos meses voy a compartir el libro en descarga libre porque ya cumplió su ciclo, ya se vendieron todos sus ejemplares. Desde el 2015 que publiqué mi primer libro, no he publicado más. Estoy trabajando en mi nuevo libro, que es una recopilación de todo lo que he ido aprendiendo sobre masturbación femenina, así que es como una especie de manual para iniciarte o perfeccionarte en el arte de masturbarte.


Entrevista realizada el lunes 10 de febrero del 2020 en San Miguel.


Escrito por

Ana Rodríguez

Lima, 1981


Publicado en

Los jueves

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